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lunes, 27 de julio de 2009

Borrá esas cadenas de mails

Por Pedro Lipcovich (Página 12, Buenos Aires)

Ese mail, que llega por cadena solidaria, que nos presenta la carita de un chico perdido, que sólo nos pide reenviarlo para contribuir, aunque sea un poquito, a que aparezca, ese mail que nos conmueve, ése... lo mejor es borrarlo.
Así lo pide, y lo explica, la entidad Missing Children, además de aclarar que “nunca, jamás, las cadenas de mails sirvieron para que apareciera un solo chico perdido”.
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Estas cadenas “solidarias” diseminan, sin autorización, fotos de menores de edad, que en muchos casos hace años ya fueron recuperados por sus padres, y contribuyen a generar “una exagerada sensación de inseguridad”, observó la presidenta de esa ONG. Especialistas en seguridad informática explicaron a este diario cómo las cadenas de mail suelen ser, en realidad, “instrumentos de análisis de mercado”, que permiten detectar las actitudes de los distintos usuarios, captar sus direcciones de mail e inducirlos a aprovechadas “donaciones”. Y sugirieron recursos para prevenirse de estas trampas.

La organización Missing Children, dedicada a la búsqueda de niños perdidos, emitió un comunicado para aclarar que “nunca envía ni promueve cadenas de correos electrónicos”. Y recomienda “cortar la cadena de reenvíos, para evitar así difundir información que confunda”. Esto vale aun para “la mayoría de estos correos, que son hechos de buena fe”, y con más razón para los que “son utilizados con otros fines, como hoaxes (falsas informaciones) o para dirimir conflictos entre partes litigantes de una familia”. En todo caso, “de los más de 3200 chicos encontrados, ninguno fue por ser vista su fotografía en una cadena de mail”, advierte Missing Children.

Por ejemplo, “un chiquito había estado un solo día fuera de su casa, por un conflicto familiar, en 2005: desde entonces, su fotografía sigue circulando en cadenas de mail –contó Lidia Grichener, presidenta de Missing Children–. Muchas fotos de chicos que aparecen en cadenas se difunden sin autorización judicial o de los responsables del menor”.

“En algunos casos, sucedió que el padre o la madre se llevaran al chico y el otro progenitor lanza a circular la cadena de mails, con lo cual la imagen de la criatura se utiliza como elemento en un conflicto entre los padres. En otros casos, sí, efectivamente el chico está perdido y los padres intentan el recurso de la cadena de mails: es comprensible que lo hagan, en su desesperación. Pero, en nuestra experiencia, jamás se encontró un chico por una cadena de mails”, advirtió Grichener.

“Además –agregó la titular de Missing Children–, la proliferación de estas cadenas genera una idea de inseguridad, de caos, de que todos los chicos se pierden; hay gente que nos llama a partir de esta sensación, que da una falsa dimensión del problema. Una de las cadenas que circulan presenta una cantidad de fotos de chicos y afirma que están apresados ‘en redes de trata’: la mayoría son chicos que ya aparecieron hace mucho; también figura una chica que apareció muerta pero no por un tema de trata. Claro que la trata existe pero sólo se la puede enfrentar a partir de información verídica.”

Mi compu me engaña

“Muchas cadenas de mail son, en realidad, instrumentos de análisis de mercado –sostiene Arturo Busleiman, consultor en seguridad informática–: el hecho de que alguien reenvíe un mail sobre chicos perdidos, sin haber verificado la información, ofrece un dato sobre los intereses y las actitudes de esa persona. Si otra persona presta atención a una cadena de chistes, o de esoterismo, o a ‘las mejores fotos de trolas’, se ubica en determinadas categorías: se trata de armar bases de datos de gente alineada con ciertas temáticas. Estas bases de datos tienen valor comercial y se utilizarán para producir spam.”

En muchos casos, las cadenas orientan al receptor a determinados sitios de Internet: “Por ejemplo, para ingresar ‘donaciones’. Después de recibir por varias vías una cadena con alto contenido emocional, una persona puede estar dispuesta a consignar los datos de su tarjeta de crédito”, observó Busleiman.

Pero, el que diseñó la cadena, ¿cómo puede recibir información sobre los sucesivos destinatarios? “Los mail que se abren como HTML ofrecen al primer emisor la posibilidad de hacer seguimiento”, contó el consultor, y recomendó usar “el programa para correo electrónico llamado Thunderbird, que es gratuito en la web y se agrega a los correos ya existentes, sin sustituirlos: este programa permite la opción ‘HTML simplificado’, que impide ese seguimiento; también ofrece opciones para detección de cadenas y de phishing (envío a páginas engañosas que solicitan información del usuario)”.

Hugo Scolnik –titular del Departamento de Computación de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA– recordó que “las direcciones de mail, que pueden obtenerse mediante estas cadenas, se compran y se venden: en Internet hay ‘supermercados’ donde se comercializan de a miles”. Advirtió también que “en los mensajes, especialmente en las imágenes que puedan contener, pueden ir incrustados virus, que dañan los programas o destruyen el disco rígido, o también troyanos, que inadvertidamente toman control de la máquina, generalmente con fines de obtener información”.

El usuario puede no advertir la presencia de estos “códigos maliciosos”, ya que, observó Scolnik, “muchos usuarios no usan firewalls: entonces, es muy fácil hackear la máquina”. El especialista de la UBA advirtió que “hoy existen programas que examinan miles de direcciones de Internet y le entregan al hacker un mapa completo de la vulnerabilidad de cada una”. El usuario no suele enterarse porque “habitualmente, el hacker entra en la máquina, la revisa y, si no encuentra nada que le interese, se va sin dejar rastros”. Pero a veces encuentra datos que le interesan, por ejemplo passwords.

Scolnik sugiere “desactivar el firewall que viene con el Windows, que, por ejemplo, no va a revelar el hecho de que “el programa Microsoft Word se comunica permanentemente con Microsoft para dar información sobre el usuario, con propósitos comerciales”. En cambio, recomienda “un firewall gratuito como el Zone Alarm que se descarga desde la web en español. Una vez instalado, este programa le revelará al usuario qué programas están intercambiando información vinculada con su máquina y le preguntará qué hacer en cada caso. Si el programa en cuestión es el antivirus, está bien habilitar el intercambio, que permite su actualización periódica, pero es probable que el usuario se sorprenda al enterarse de cuántos programas intercambian información desde su máquina sin que él lo sepa”.

jueves, 16 de julio de 2009

Un bazar con los datos del usuario

Por Miguel Ángel Criado (Público, Madrid)

Página del proyecto Know Privacy

Si la información es poder, la de los internautas se ha convertido en el gran negocio que sustenta Internet. Todas las páginas web más visitadas tienen políticas de privacidad que prohíben la cesión de los datos de sus visitantes a terceras empresas o, si lo hacen, piden su consentimiento. Sin embargo, la mayoría dejan la puerta abierta para que entren extraños y se los lleven.

Un informe realizado por un equipo de estudiantes de la Universidad de Berkeley (California, EEUU) ha analizado qué hacen las 50 principales web con los datos de sus usuarios. Aunque el trabajo fiscaliza sitios estadounidenses, entre ellos están páginas como Google, MySpace, Facebook, Blogspot, MSN, Yahoo o Monster, todas muy visitadas por navegantes españoles.

Todas recogen alguna información de quien las visita, como la dirección IP del ordenador desde el que se conecta, el sistema operativo del equipo o el navegador usado. Aunque sólo unas pocas reconocieron en un cuestionario ceder alguno de esos datos a otras compañías, el estudio revela que las 50 incluyen al menos algún mecanismo que recoge los datos y los manda a servidores externos.

Las técnicas de recolección son variadas. La más conocida es el uso de cookies. Se trata de pequeños archivos de texto que el dueño de la página instala en el ordenador del usuario. Pero las páginas llevan publicidad de terceros y estos también cuelan su cookie. Tras pasadas polémicas, los principales navegadores tienen la opción de rechazarlas o borrarlas.

Pero hay otro truco contra el que el usuario nada puede hacer, porque ni lo ve. Se trata de los web bugs , también conocidos como web beacon, clear GIF o bicho rastreador. Estos bichitos son imágenes de un píxel de ancho por uno de alto (el píxel es la unidad más pequeña a la que puede reducirse una imagen).

A pesar de su reducido tamaño, elegido para pasar desapercibidos, estos bichos son capaces de grabar mucha información. Por defecto, un web bug recoge la IP del ordenador, la dirección de la página donde se esconde o el tiempo que es visto (permanencia en la web). Pero también puede informar del sistema operativo, incluida la versión y, en general, los parámetros que desee su creador. Otra posibilidad es sustituir el formato de imagen GIF por un código Javascript inyectado en la página con la misma función.

Según el informe, basado en la navegación de entre 30.000 y 45.000 usuarios durante un mes, las 50 páginas más visitadas tenían al menos uno de estos bichos. Algunas como Blogspot llegan a contener 100. Esto no significa que un determinado usuario se vea invadido por todos a la vez. En realidad, sólo ve tres o cuatro, pero que van cambiando, o bien el bicho es diferente para cada visitante. En este elenco aparece otra plataforma de blog, como Typepad. En tercer lugar está Google.

Publicidad personalizada

Algunas de estas imágenes registradoras sólo tienen misiones estadísticas. Si un internauta entra en la web de Público, además del contenido alojado en el servidor del dueño, también se cargan rastreadores como Google Analytics o NetRatings SiteCensus que sirven para medir el tráfico del sitio. Pero en otras web, la misión de los rastreadores es comercial. Al ver la página graban toda la información que se pide y la mandan a servidores ajenos a esa web.

Entre estos bichos están Google Adsense o Doubleclick, ambos de Google, MSN Ads o ValueClick. Todos pertenecen a plataformas de marketing y publicidad y, con la acumulación de información, permiten adaptar los anuncios o mensajes que ve el usuario a sus gustos y preferencias. Es el sueño de toda empresa, poder segmentar su publicidad. En Google lo llaman relevancia.

Uno de los autores del informa, Ashkan Soltani, tiene sus dudas sobre la legalidad de estas herramientas. "Pero hay varios informes del Gobierno sobre la necesidad de regularlas porque estas prácticas podrían ser consideradas desleales o engañosas".

En España el problema se agrava porque aquí la dirección IP del ordenador está considerada como un dato personal y su cesión a terceros sin consentimiento está prohibida. En un documento de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) con recomendaciones al sector del comercio electrónico, se recuerda que, en el caso de que se usen "procedimientos automáticos invisibles de recogida de datos", se debe informar al usuario.

Para el abogado Samuel Parra , el problema es que no hay una legislación específica sobre privacidad. "Hay que recurrir a la Ley de Protección de Datos", dice. La norma especifica que los interesados a los que se soliciten datos personales deberán ser previamente informados de modo expreso, preciso e inequívoco. Y la IP es un dato de carácter personal. Pero Parra matiza un detalle que permite una escapatoria a las web. La norma sanciona la cesión de datos a una persona diferente del interesado, "pero con los web bugs falta ese elemento subjetivo: no hay cesión o comunicación de datos de un sitio a otro, la empresa del web bug lo recaba directamente".

Omnipresencia de Google

El informe revela que Google es el rey también en este terreno. El buscador opera con cinco rastreadores, entre estadísticos y de fines comerciales. Al menos uno estaba en el 92% de los 100 primeros sitios de EEUU. Es más, durante el mes de realización del trabajo, el 88% de los 393.829 dominios analizados tenían uno de los bichos de Google.

Al experto en seguridad del Instituto de Física Aplicada del CSIC, Gonzalo Álvarez Marañón , no le preocupan tanto los web bugs, que considera una tecnología superada, sino la acumulación de tanta información en manos de unos pocos. "Los web bugs sólo afectan cuando hay muchos sitios afiliados entre sí o uno está en todos", como es el caso de Google con sus rastreadores. "Lo peligroso es que este buscador lo sabe todo de todos", dice.